29/4/12

Ordenes de Caballería de Tradición Católica Romana 1

La primera constancia histórica
de los antecedentes de una
orden de caballería religioso
militar de que tenemos noticia
es el Hospital de San Juan de
Jerusalén, creado el s. XI,
próximo a la Iglesia del santo
Sepulcro, de origen amalfitano y
protegido por la dinastía egipcia
del califato fatimí, Hospital que,
con el tiempo daría lugar a la
Orden de los Caballeros
Hospitalarios de San Juan de
Jerusalén, actualmente la Orden
de Malta. Tal vez ya funcionase
incipientemente desde el año
1048, aunque la primera
referencia escrita del Hospital y
la licencia fatimí a los
amalfitanos data del 1084.
El año de 1054, durante el
Patriarcado de Constantinopla
de Miguel Cerulario se
consumaba la división cristiana
entre Oriente y Occidente
intercambiándose
excomuniones mutuas con el
Papa de Roma.
17 años después, en la batalla
de Manzikert (1071), el ejército
bizantino era barrido por la
caballería ligera turca: los
seljúcides devenían así amos del
Próximo Oriente, Anatolia, Siria y
la misma Jerusalén, que hasta
entonces, bajo la tolerante
protección egipcia era visitada
por peregrinos de todo el
mundo, muchos de ellos a
través del ya en decadencia
Imperio Bizantino.
Fué el fin de dos cosas: de la
idea de Imperio Bizantino–Gran
Potencia y de Jerusalén ciudad
abierta a los peregrinos.
Coincidió pues
cronológicamente la debilitación
que para el Cristianismo supuso
la consumación de la división
del Cristianismo conocida como
Cisma de Oriente y el ascenso
de una corriente islámica
fanatizada como fue la seljúcida.
En todo caso, la sensación de
seguridad y/o garantía que
podía ofrecer el viejo imperio al
Cristianismo en el Oriente
mediterráneo se desvaneció
totalmente.
Hay que tener presente que el
ejército bizantino, hasta
entonces estaba
mayoritariamente integrado por
mercenarios: antiguamente,
incluso hunos, como los que
sirvieron bajo el general
Belisario. Normalmente eran
isaurios, anatolios y esteparios
diversos (pechenegos, algun
kázaro, eslavos…)
Incluso la guardia pretoriana del
emperador era mercenaria y
foránea: era la famosa Guardia
Varega (vikinga, en gran parte
sueca pero también integrada
por noruegos y daneses: Harald
Hardrada, el rey noruego
muerto en la batalla de
Stamford Bridge el any 1066
frente el rey anglosajón Haroldo
Godwin había sido su “prefecto”
o comandante en jefe) [1]
Igualmente la caballería
bizantina no era ni fué nunca
una “orden” religiosa;
descendiente “nominal” de la
muy antigua clase social romana
de los equites, era solamente un
cuerpo militar como lo habían
sido las decúrias legionarias
romanas agrupadas en las
turmas de caballería asignadas a
cada legión; normalmente
estaba integrada por unidades
de caballería pesada, los
catafractos (con cotas de malla y
armaduras “de placa”, al estilo
de los jaseranes persas y
korasmianos, tanto el jinete
como el caballo) y los
clibanarios (protegidos jinete y
caballo con armaduras pesadas
de cuero y especialmente de
boata acorazada, llamada
clíbanos y bastante parecida a la
posterior protección de las
sobrevestes de los caballeros
catalanes llamada perpunt).
Todos ellos eran
mayoritariamente mercenarios
de las estepas ucranianas,
búlgaros, tracios, serbios y
también algunos escitas,
asiáticos, tardohunos, cumanos,
tártaros... y también isaurios de
Anatolia.
Por su lentitud y falta de
agilidad, eran enemigos fáciles
para la ágil caballería turca que
luchaba al estilo tártaro o
mongol.
La caballería ligera bizantina,
también en su mayoría
mercenarios de origen albanés,
macedonio o tracio, los famosos
estradiotes, eran un cuerpo muy
semejante a los mismos
genízaros montados turcos (los
“delis”) o a los muy posteriores
hakkapeliitas finlandeses de la
Guerra de los 30 años: una
forma de antepasados de los
futuros escuadrones de
“dragones” o de los “ulanos”
prusianos, al alternar armas de
fuego (desde el s. XV) con
grandes lanzas de embestida.
Desde el reinado del siniestro
“Basileus” Basilio II
Bulgaróktonos (Mata-búlgaros)
durante la segunda mitad del s.
X, se potenció la caballería
pesada en detrimento de los
estradiotes populares;
obviamente, el mantenimiento
de catafractos era mucho más
caro por la complejidad de su
equipo y armamento que el
mantenimiento de la caballería
ligera estradiota. Esa inversión
del estado en mantener
unidades tan costosas favoreció
la tendencia militar del
mercenariato bizantino (era muy
rentable para un campesino
“pre-cosaco” convertirse en
todo un catafracto imperial), por
lo que esta práctica ”viciada”
devino finalmente tradicional en
el Imperio de Oriente:
recordemos como un ejemplo
de la política de contratación de
mercenarios bizantina unos
hechos históricos muy próximos
a nosotros: la contratación de la
Gran Companyia Catalana de los
Almogávares a comienzos del s.
XIV por el “Basileus” Andrónico,
y el posterior asesinato del
“César” Roger de Flor por
Girgón, quien era, a su vez, jefe
de los mercenarios “alanos” del
Imperio.
El caso es que después de la
desgraciada deposición y de las
torturas a que fué sometido por
los propios bizantinos el
emperador Romano Diógenes, a
quien sacaron los ojos -entre
otras lindezas- por su derrota
en Manzikert, su sucesor en el
trono imperial, a pesar de la
consumación del cisma o
división de la época de Miguel
Cerulario 41 años antes, y
viendo que aquellos turcos
seljucíes eran mucho más que
peligrosos, que toda Anatolia ya
era suya y que la situación
pintaba muy mal para Bizancio,
pidió (1094 – 1095) al mismísimo
Papa de Roma mercenarios
(obviamente) para combatir
aquel peligro.
El Papa, Urbano II, al conocer la
demanda de auxilio del
emperador griego, hizo otra
cosa: convocó el concilio de
Clermont y ya sabemos que
pasó después cuando
Godofredo de Bouillón se puso
la cruz en la sobreveste y gritó
aquello de “¡¡Deus lo volt!!”
El año de 1099, después de la
batalla de Dorilea, los cruzados
borgoñones, lombardos,
alsacianos, flamencos y algún
catalán (Berenguer Ramon II de
Barcelona o Guillem II Jordà de
Cerdanya), tomaban Jerusalén a
los turcos, tras una matanza
horrible, fundándose el Reino
de Jerusalén, que duraría hasta
la caída de Acre el año 1294 (la
ciudad misma de Jerusalén la
reconquistaría el Islam antes; el
1187).
Desde Manzikert el 1071, y más
aún desde 1099, Bizancio ya no
garantizaba la cristiandad de
Jerusalén. Desde esas fechas fué
competencia de Occidente.
Fué entonces cuando, tras la
muerte de Godofredo de
Bouillón el 1100, y durante la
coronación de su hermano
Balduíno como primer rey del
reino de Jerusalén, en
agradecimiento a los monjes del
Hospital de San Juan se les
constituye como Orden de
Caballería consagrada a los
enfermos y peregrinos,
asignándoles un espacio muy
especial: las presuntas ruinas de
la casa de Zacarías, el padre de
San Juan Bautista, donde
levantan la iglesia de Santa
María Latina (ya no griega).
Pocos años después, bajo la
maestría de Raymond du Puy, la
Orden del Hospital toma la regla
de San Agustín y adopta su
aspecto plenamente militar.
Lo que sucedió después lo
sabemos todos los CBCS; se
fundaron las Órdenes militares
del Temple (1118 – 1129), en las
presuntas caballerizas del
Templo de Salomón; la de los
Estefanitas húngaros hacia el
1150, asociados a la Orden del
Hospital; y la Cofradía del Santo
Sepulcro, con el templo del
Santo Sepulcro y de la Anástasis
bajo su custodia.
Y también se fundó el año 1190,
durante el asedio de San Juan
de Acre de la III Cruzada, la
Orden de los Caballeros
Teutones del Hospital de Santa
María de Jerusalén, para acoger
caballeros cruzados alemanes
tras la muerte del Emperador
germánico Federico Barbarroja,
aunque se establecieron en el
castillo de Montfort, al norte de
Jerusalén, que habia vuelto a ser
islámica desde la espantosa
batalla de los Cuernos de Hattin
el 1187. Una orden
“paratemplaria” que únicamente
acogía caballeros alemanes y
que seguía la regla de San
Agustín como estructura
administrativa, pero que seguía
la de San Benito
referencialmente en el campo
militar.
Después comenzaron a
proliferar más órdenes
monásticas de caballería
religioso-militares por todo
Occidente cristiano.
Pero en todo caso, eran
órdenes católicas y romanas de
total y absoluta obediencia
papal; en el cristianismo
ortodoxo griego no existia esta
figura.
Las Órdenes eran católicas,
como las de Santiago de la
Espada, Montesa, Alcántara,
Calatrava, Alfama, Livonia, los
Portaespadas, San Lázaro...
Y sin ser monásticas sino
nobiliarias, otras órdenes
históricamente guerreras como
la borgoñona del Toisón de
Oro, o la inglesa de la Jarretera
también eran católicas. Incluso
era católica romana (y no
ortodoxa) la Orden del Dragón
de San Jorge, ratificada por el
Papa el 1411, de origen
húngaro, la famosa Orden de
“Drácula” Vlad Tepes, orden de
la que fué miembro el conde de
Barcelona y Rey de Aragón
Alfonso el Magnánimo.