29/4/12

TAGORE & EINSTEIN

Rabindranath Tagore y Albert Einstein
se conocieron gracias a un amigo
común, el Dr. Mendel, que invitó al
primero a casa del segundo en
Kaputh, a las afueras de Berlín el 14 de
julio de 1930. Discutieron sobre una
amplia variedad de temas incluyendo
la epistemología, ontología, teoría
musical y creatividad. Imagínense el
encuentro de estas dos mentes
maravillosas, con puntos de vista sobre
el universo y la vida, pero con mas
cercanía de la que en un primer
momento pudiese parecer.
Les dejo aquí un fragmento de la
conversación, tomado de la obra de
Tagore “La religión del hombre”,
centrado especialmente en que
entendemos por realidad y cómo
podemos acceder a ella, sumamente
interesante:

EINSTEIN. – ¿Cree usted en lo divino
como aislado del mundo?
TAGORE. – Aislado, no. La infinita
personalidad del Hombre comprende
el Universo. Nada puede haber que no
pueda reabsorberse en la humana
personalidad, y esto prueba que la
verdad del Universo es una verdad
humana. Expondré un hecho científico
para ilustrar mis palabras. La materia
está compuesta de protones y
electrones, con abismos entre ellos, y,
sin embargo, la materia puede
parecernos sólida. Análogamente, la
humanidad está compuesta de
individuos; pero éstos guardan no
obstante entre sí una interconexión de
relacionabilidad humana, que dota al
mundo del hombre de viva solidaridad.
Pues todo el universo se halla
enlazado a nosotros por modo
semejante; es un universo humano. Yo
he seguido ese pensamiento a través
del arte, la literatura y la conciencia
religiosa del hombre.
E. – Hay dos conceptos diferentes
acerca de la naturaleza del universo: 1)
el mundo como unidad dependiente
de la humanidad; 2) el mundo como
realidad independiente del factor
humano.
T. – Cuando nuestro universo se halla
en armonía con el Hombre Eterno, lo
conocemos como verdad, lo sentimos
como belleza.
E. – Ese es un concepto puramente
humano del universo.
T. – Ningún otro concepto puede
haber. Este mundo es un mundo
humano; su punto de vista científico es
también el del hombre de ciencia. Hay
cierto tipo de razón y de goce que le
confiere verdad: el tipo de Hombre
Eterno, cuyas experiencias a través de
las nuestras se realizan.
E. – Esa es una comprensión de la
entidad humana.
T. – Sí; una entidad eterna. Hemos de
comprenderla mediante nuestras
emociones y actividades. Nosotros
realizamos al Hombre supremo que
carece de limitaciones individuales,
mediante nuestras limitaciones. La
ciencia se ocupa en aquello que no
está limitado a los individuos; es el
mundo humano impersonal de las
verdades. La religión comprende esas
verdades y las eslabona con nuestras
necesidades más profundas; nuestra
conciencia individual de verdad
adquiere universal sentido. La religión
aplica valores a la verdad y conocemos
como buena a la verdad, en virtud de
nuestra armonía en ella.
E. – ¿De modo que la verdad o la
belleza no son, según eso,
independientes del hombre?
T. – No.
E. – Si se extinguiera la especie
humana, ¿dejaría, pues, de ser bello el
Apolo de Belvedere?
T. – Tal creo.
E. – Estoy de acuerdo con su concepto
de la belleza, pero no con el que
sustenta acerca de la verdad.
T. – ¿Por qué no? La verdad se realiza
mediante el hombre.
E. – Yo no puedo demostrar que mi
concepto sea el acertado, pero esa es
mi religión.
T. – La belleza se cifra en el ideal de
perfecta armonía que reside en el Ser
universal; la verdad es la comprensión
perfecta de la Inteligencia universal.
Nosotros, los individuos, nos
acercamos a ella mediante nuestros
yerros y equivocaciones, mediante
nuestra experiencia acumulada,
nuestra iluminada conciencia. . .
¿Cómo, si no, podríamos conocer la
verdad?
E. – No puedo probar científicamente
que la verdad deba concebirse como
una verdad valedera, con
independencia de la humanidad; pero
lo creo así firmemente. Creo, por
ejemplo, que el teorema de Pitágoras
en geometría afirma algo
aproximadamente cierto, con
independencia de la existencia del
hombre. Sea como fuere, si hay una
realidad independiente del hombre,
hay también una verdad relativa en esa
realidad; y de igual modo la negación
de lo primero trae consigo la negación
de la segunda.
T. – La verdad, que es una con el Ser
Universal, debe ser esencialmente
humana, pues de otra suerte cuanto
nosotros los individuos consideramos
como verdad no podría merecer tal
nombre—por lo menos en la acepción
científica de la palabra, como verdad
que sólo puede alcanzarse mediante el
proceso de la lógica, o, dicho en otros
términos, por un órgano humano de
pensamientos. Según la filosofía india,
existe Brahman, la verdad absoluta,
que no puede ser concebida por la
inteligencia humana aislada ni descrita
tampoco con palabras, sino
únicamente abismando lo individual en
su infinitud. Pero tal verdad no puede
pertenecer a la ciencia. La naturaleza
de la verdad de que tratamos es una
apariencia, es decir, aquello que
aparece como verdad a la inteligencia
humana y es, por lo tanto, humano,
pudiéndosele llamar maya o ilusión.
E. – Según su concepto, pues, que
puede ser el concepto indo, no es
ilusión del individuo, sino de la
humanidad entera.
T. – En la ciencia procedemos
siguiendo la disciplina de eliminar las
limitaciones personales de nuestras
inteligencias individuales, para alcanzar
así esa comprensión de la verdad que
reside en la mente del Hombre
universal.
E. – El problema empieza en cuanto
consideramos a la verdad
independiente de nuestra conciencia.
T. – Lo que llamamos verdad estriba en
la racional armonía entre los aspectos
subjetivo y objetivo de la realidad, que
pertenecen ambos al hombre
superpersonal.*
E. – Incluso en nuestra vida cotidiana
nos sentimos obligados a atribuirle
una realidad independiente del
hombre al objeto que empleamos. Lo
hacemos así para coordinar las
experiencias de nuestros sentidos en
una forma razonable. Por ejemplo, si
no hubiere nadie en esta casa, no por
ello dejaría de estar aquí esta mesa.
T. – Sí; seguiría fuera de la mente
individual, pero no fuera de la mente
universal. La mesa que yo percibo es
perceptible por la misma clase de
conciencia que yo poseo.
E. – Nuestro natural punto de vista con
respecto a la verdad independiente de
la humanidad, no puede explicarse ni
probarse; pero es una creencia que a
nadie le puede faltar . . . , ni aun a los
primitivos. Atribuimos a la verdad una
objetividad superhumana; es
indispensable para nosotros esta
realidad a que me refiero, que es
independiente de nuestra existencia y
de nuestra experiencia y de nuestra
inteligencia. . ., aunque no podamos
decir lo que significa.
T. – La ciencia ha demostrado que la
mesa, como objeto sólido, es una
apariencia y, por consiguiente, eso que
la mente humana percibe como tal
mesa no existiría de no existir la mente
humana. Debe reconocerse al mismo
tiempo que el hecho de que la última
realidad física de la mesa no sea otra
cosa que una muchedumbre de
centros aislados de fuerzas eléctricas
en revolución, pertenece también a la
mente humana.
En la aprehensión de la verdad hay un
conflicto eterno entre la mente
humana universal y la misma mente
confinada en el individuo. Nuestra
ciencia, nuestra filosofía y nuestra ética
andan siempre ocupadas en el
proceso de reconciliación. En
resumidas cuentas, puesto que
hubiere alguna verdad que no se
refiera en absoluto a la humanidad, tal
verdad sería en absoluto para
nosotros como no existente.
No es difícil imaginar una inteligencia a
la que la secuencia de las cosas no se
le muestre en el espacio, sino en el
tiempo, cual la secuencia de las notas
en música. Para semejante inteligencia,
el concepto de realidad sería parecido
al de la realidad musical, en el que
carece de todo sentido la geometría de
Pitágoras. Existe la realidad del papel,
totalmente distinta de la realidad de la
literatura. Porque la clase de
inteligencia que posee la polilla que se
engulle esa literatura de papel es en
absoluto inexistente, y, sin embargo,
para la inteligencia del hombre posee
la literatura un valor de verdad más
grande que el papel mismo. Por modo
análogo, si alguna verdad existe que
no guarde ninguna relación sensitiva o
racional con la inteligencia humana,
será igual a cero, en tanto seamos
nosotros seres humanos.
E. – ¡Entonces, soy yo más religioso
que usted!
T. – Mi religión se cifra en la
reconciliación del Hombre
superpersonal, el Espíritu humano
universal, en mi ser individual. Este ha
sido el asunto de mis conferencias, a
las que he dado el título de La religión
del hombre.

TOMADA DE AQUÍ: http://
misticahinduybudista.blogspot.com.es/2007/12/
dilogo-entre-tagore-y-einstein-
en-1930.html . Mas info por aquí:
http://www.schoolofwisdom.com/
history/teachers/rabindranath-tagore/
tagore-and-einstein/ (otro fragmento
del encuentro, aunque en inglés), aquí:
http://es.wikipedia.org/wiki/
Rabindranath_Tagore