5/5/12

¿QUÉ TEMPERATURA PUEDE ALCANZAR UNA ESTRELLA?

Depende de la estrella y de qué parte
de la estrella consideremos.
Más del 99 por 100 de las estrellas que
podemos detectar pertenecen —como
nuestro Sol— a una clasificación
llamada «secuencia principal», y al
hablar de la temperatura de una
estrella queremos decir, por lo general,
la temperatura de su superficie.
Empecemos por aquí.
Toda estrella tiene una tendencia a
«colapsar» (derrumbarse hacia el
interior) bajo su propia atracción
gravitatoria, pero a medida que lo hace
aumenta la temperatura en su interior.
Y al calentarse el interior, la estrella
tiende a expandirse. Al final se
establece el equilibrio y la estrella
alcanza un cierto tamaño fijo. Cuanto
mayor es la masa de la estrella, mayor
tiene que ser la temperatura interna
para contrarrestar esa tendencia al
colapso; y mayor también, por
consiguiente, la temperatura
superficial.
El Sol, que es una estrella de tamaño
medio, tiene una temperatura
superficial de 6.000º C. Las estrellas de
masa inferior tienen temperaturas
superficiales más bajas, algunas de
sólo 2.500º C.
Las estrellas de masa superior tienen
temperaturas más altas: 10.000º C,
20.000º C y más. Las estrellas de mayor
masa, y por tanto las más calientes y
más brillantes, tienen una temperatura
superficial constante de 50.000º C
como mínimo, y quizá más. Nos
atreveríamos a decir que la
temperatura superficial constante más
alta posible de una estrella de la
secuencia principal es 80.000º C.
¿Por qué no más? ¿Y si consideramos
estrellas de masa cada vez mayor?
Aquí hay que parar el carro. Si una
estrella ordinaria adquiere una masa
tal que su temperatura superficial
supera los 80.000º C, las altísimas
temperaturas del interior producirán
una explosión. En momentos
determinados es posible que se
alcancen temperaturas superiores,
pero una vez pasada la explosión
quedará atrás una estrella más
pequeña y más fría que antes.
La superficie, sin embargo, no es la
parte más caliente de una estrella. El
calor de la superficie se transmite hacia
afuera, a la delgada atmósfera (o
«corona») que rodea a la estrella. La
cantidad total de calor no es mucha,
pero como los átomos son muy
escasos en la corona (comparados con
los que hay en la estrella misma), cada
uno de ellos recibe una cuantiosa
ración. Lo que mide la temperatura es
la energía térmica por átomo, y por
esa razón la corona solar tiene una
temperatura de 1.000.000º C
aproximadamente.
También el interior de una estrella es
mucho más caliente que la superficie. Y
tiene que ser así porque sino no
podría aguantar las capas exteriores
de la estrella contra la enorme
atracción centrípeta de la gravedad. La
temperatura del núcleo interior del Sol
viene a ser de unos 15.000.000º C.
Una estrella de masa mayor que la del
Sol tendrá naturalmente una
temperatura nuclear y una temperatura
superficial más altas. Por otro lado,
para una masa dada las estrellas
tienden a hacerse más calientes en su
núcleo interior a medida que
envejecen. Algunos astrónomos han
intentado calcular la temperatura que
puede alcanzar el núcleo interior antes
de que la estrella se desintegre. Una de
las estimaciones que yo conozco da
una temperatura máxima de
6.000.000.000º C.
¿Y qué ocurre con los objetos que no
se hallan en la secuencia principal? En
particular, ¿qué decir acerca de los
objetos descubiertos recientemente, en
los años sesenta? Tenemos los
pulsares, que según se cree son
«estrellas de neutrones»
increíblemente densas, con toda la
masa de una estrella ordinaria
empaquetada en una esfera de un par
de decenas de kilómetros de diámetro.
La temperatura de su interior ¿no
podría sobrepasar ese «máximo» de
los seis mil millones de grados? Y
también están los quasares, que según
algunos son un millón de estrellas
ordinarias, o más, colapsadas todas en
una ¿Qué decir de la temperatura de
su núcleo interior?
Hasta ahora nadie lo sabe.
INFO: En 1965 el genial escritor y
divulgador científico Isaac Asimov
aceptó una oferta de la revista “Science
Digest” que consistía en responder a
preguntas formuladas por sus lectores
brevemente, en torno a 500 palabras.
Lo que un principio iba a ser una
colaboracion esporádica terminó
siendo algo mensual. Ocho años
despues, en 1973, había realizado mas
de cien entregas y decidió publicarlas
junticas en un libro, que se llamó como
la sección, “Please Explain” (Por favor,
explique) y que fue publicado por la
Editorial Houghton Mifflin Company.