30/5/12

El lobo de Zhongshan (Cuento de la tradición oral china)

Zhao jianzi, un alto funcionario,
organizó una gran cacería en la
montaña. Al divisar a un lobo, lanzó su
carro en su persecución.
Ahora bien, el maestro Dongguo, viejo
letrado conocido por su buen corazón,
venía en camino para abrir una escuela
en Zhongshan, y se extravió en esa
misma montaña. En camino desde el
alba, seguía a pie al asno cojo que
cargaba su saco lleno de libros,
cuando vio llegar al lobo que huía
aterrorizado y que le dijo:
– Buen maestro, ¿no está usted
siempre dispuesto para socorrerar a su
prójimo? Escóndame en su saco ¡y me
salvará la vida! Si me saca de este mal
paso, yo le quedaré eternamente
agradecido.
El maestro Dongguo sacó sus libros del
saco y ayudó al lobo a meterse en él.
Cuando Zhao jianzi llegó y no
encontró al animal, volvió sobre sus
pasos. Al notar el lobo que el cazador
estaba lo suficientemente lejos, gritó a
través del saco.
– ¡Buen maestro, sáqueme de aquí!
Apenas estuvo en libertad, el lobo
empezó a chillar:
– Maestro, usted me salvó hace un
rato, cuando los hombres del Reino de
Yu me perseguían y yo se lo agradezco,
pero ahora, casi estoy muriéndome de
hambre. ¿Si su vida puede salvar la
mía, no la sacrificaría usted por mí?
Se abalanzó con el hocico abierto y las
garras fuera sobre el maestro
Dongguo. Este, trastornado, se estaba
defendiendo lo mejor que podía,
cuando de repente divisó a un anciano
que avanzaba a apoyándose en un
bastón. Precipitándose hacia el recién
llegado, el maestro Dongguo se
arrodilló ante él y le dijo llorando:
– Anciano padre, ¡una palabra de su
boca puede salvar mi vida!
El anciano quiso saber de qué se
trataba.
– Este lobo era perseguido por
cazadores y me pidió que lo socorriera,
le salvé la vida y ahora quiere
devorarme. Le suplico que interceda en
mi favor y que le explique su error.
El lobo dijo:
– Hace un rato, cuando le pedí
socorro, él me amarró las patas y me
metió en su saco, poniendo encima de
mí sus libros; aplastado bajo todo ese
peso, apenas podía respirar. Después,
cuando llegó el cazador, habló largo
rato con él; él deseaba que yo muriera
asfixiado dentro del saco, de esa
manera habría sacado provecho de mi
piel. ¿Un traidor semejante no merece
acaso que lo devoren?
– ¡No creo nada!—contestó el
anciano--. ¡Vuelva a meterse en el saco,
para que yo vea con mis propios ojos
si usted estaba tan incómodo como
dice!
El lobo aceptó con alegría y se metió
de nuevo dentro del saco.
– ¿Tiene usted un puñal?—preguntó el
anciano al oído del maestro.
– Sí –contestó mostrando el objeto
pedido.
Inmediatamente el anciano le hizo
señas para que lo clavara en el saco. El
maestro Dongguo exclamó:
– ¡Pero le voy a hacer daño!
El anciano se echó a reír:
– ¿Usted vacila en matar a una bestia
feroz que acaba de demostrarle tanta
ingratitud?
¡Usted es bueno, maestro, pero,
también es muy tonto!
Entonces le ayudó al maestro Dongguo
a degollar al lobo, y dejando al cadáver
a la orilla de la senda, los dos hombres
siguieron su camino.
Desde entonces, el señor Dongguo y el
lobo de Zhongshan se han convertido
nombres muy usados en China como
sinónimos de comportamientos
inadecuados. El señor Dongguo se
refiere a las personas que saben
diferencias entre lo justo y lo erróneo.
El lobo de Zhongshan se refiere a las
personas desagradecidas.