24/2/12

ENERGÍA ALTERNATIVA

Existe una teoría.
Cuando se origina suficiente excitación
entre dos personas, y se consigue
mantener en el tiempo, es posible
llegar a generar energía. Sí, sí, energía
de la que mueve cosas y hace que el
mundo funcione. Se trata de la energía
más barata y al mismo tiempo
agradable que ha existido a lo largo de
todos los tiempos.
Lo complicado es encontrar la forma
de almacenarla y conservarla para
hacerla útil.
Imaginemos por un momento dos
personas. Dos seres que no se
conocen. El único nexo de unión entre
las dos es un laboratorio experimental
que está investigando la forma de
absorber, almacenar y transportar esa
supuesta energía que producimos los
humanos en determinadas
circunstancias.
Ella es amiga de la directora de la
investigación. En un principio, cuando
se lo proponen duda. Al fin y al cabo
estando casada le resulta un poco
extraña la situación. Pero le insisten en
que siempre mantendrán la máxima
discreción y además le viene bien el
dinero ahora que está en paro.
Él se ha ofrecido voluntario porque
tiene mucho tiempo libre y le gusta
colaborar con la ciencia. El único
inconveniente que le encuentra es
tener que desplazarse a Sevilla, pero lo
ha hablado con su pareja y han
decidido que tras la corta separación
se tomarán juntos unas vacaciones
para recuperar el tiempo.
Les han puesto en contacto entre ellos
solamente a través de un correo
electrónico. El conocimiento previo
forma parte de la investigación, es de
esperar que la energía fluya más
fácilmente si han dialogado
anteriormente.
Pasan un mes escribiéndose.
Se cuentan, se preguntan, indagan, se
describen, se imaginan.
Surge entre ellos un buen
entendimiento y descubren que se
pueden llevar bien. Parece que todo
está definitivamente en marcha.
Una mañana les llega el tan esperado
aviso. La sala está lista y el tiempo de
relación a distancia es suficiente. Ha
llegado el momento de tomar contacto.
Él coge el AVE a Sevilla. Ella vive allí, por
lo que sólo necesita preparar la ropa
para tres días, el tiempo que durará el
experimento.
La directora les espera en la entrada.
Les acompaña a sus respectivas
habitaciones y les explica en qué
consistirá la prueba.
Al cabo de una hora, después de
descansar y una vez que cada uno se
ha arreglado como considera
oportuno, pasan a la sala común a la
que se accede desde las dos
habitaciones.
Él entra primero. Mira a su alrededor
con tranquilidad. La luz es bastante
tenue y la habitación está tibia. Recorre
la sala con la mirada viendo el sofá, la
mesa con dos sillas, el mueble con
libros y los altavoces colgados del
techo. Se escucha una música suave, ni
muy lenta ni muy rápida, agradable.
Camina hacia el centro de la estancia y
se sienta en una silla, apoyando los
brazos en la mesa. Parece cómoda, así
que se siente a gusto.
Ella entra en segundo lugar. Cuando le
ve se pone un poco nerviosa y no sabe
muy bien qué hacer, pero en seguida
se acerca a la mesa para saludarle.
Él se levanta sonriendo y extiende el
brazo hacia ella para indicarla que se
acerque tranquila. Ella sonríe a su vez
y se siente un poco más cómoda.
Se dan dos besos y se miran
sonrientes, nerviosos, atentos,
intentando asimilar la primera visión de
quien hasta este momento había sido
únicamente una imagen figurada.
Toman asiento uno frente al otro. Ella
cruza los brazos sobre su pecho y él
junta sus manos encima de la mesa
cruzando los dedos, moviendo los
pulgares en círculos.
Se miran en silencio, y poco a poco
dejan de mirarse para empezar a
contemplarse. A medida que se
observan se van sintiendo más
distendidos.
Ella sonríe, cada vez más, le hace
gracia la situación, y no puede evitar
soltar una carcajada. Él ríe también y la
tranquilidad parece instaurarse del
todo entre ellos.
Saben que no deben hablar, es una de
las instrucciones que acaban de recibir.
Les cuesta mucho mantener el silencio
¡tienen tanto de que hablar! Hasta hoy
lo único que habían hecho era
conversar y ahora lo único que pueden
hacer es mirarse. De momento.
Ella, por su naturaleza femenina,
necesita más. Así que pasa de sólo
fijarse a curiosear. Le da un poco de
apuro, pero una vez decidida no
vuelve sobre sus pasos. Alarga la mano
y la pone sobre la de él.
Él ve acercarse la mano con lentitud,
pero aun así se sobresalta, deja de
sonreír, y se queda inmóvil,
presenciando lo que es un primer
contacto, como poco, extraño.
Al principio ella deja su mano quieta,
liviana, sólo rozando ligeramente la de
él. Pero poco a poco va moviendo los
dedos sobre esa mano inmóvil.
Los dedos son largos, finos,
comparables a los de un pianista. Las
uñas cuidadas. La piel es suave, muy
suave. Y transmite calor.
Empieza a acariciar con la yema del
dedo índice su dedo corazón, desde la
uña hasta el dorso de la mano y del
dorso hasta la muñeca. Suave,
despacio, de arriba abajo.
Un escalofrío de placer recorre la
espalda de él. Suspira.
Los dos miran la escena como si no
hubiese nada más en el mundo que
esas dos manos rozándose,
conociéndose.
Entonces levantan la mirada y sus ojos
se encuentran de nuevo. Pero ahora es
diferente. Ahora no se ven, no se
miran, no se observan, simplemente se
hallan, se notan, se sienten, se
entienden. Ahora poco a poco se
llenan el uno del otro.
Él vuelve su mano y sus palmas
quedan enfrentadas. Nota la humedad
en la mano de ella, los nervios les
hacen sudar.
Se rozan las palmas con los dedos,
muy suavemente, muy despacio,
alargando cada movimiento, recreando
cada sensación. Se miran, se recorren
las manos, sus ojos no se rinden,
siguen mirando fijamente, se rozan los
laterales de los dedos, sienten como se
eriza el vello de todo su cuerpo.
Sus ojos empiezan a sentir calor, un
calor excitante que se contagia a las
mejillas. Las manos continúan
descubriéndose, acariciándose
insistentemente, no pueden dejar de
hacerlo. Primero fue un impulso, luego
un placer, ahora es una necesidad.
Necesidad de seguir sintiendo caricias,
experimentando placer. Necesidad de
notar como la piel de la espalda siente
la ropa sobre ella y desearía que el
roce no fuese de un tejido sino de otra
piel. Necesidad de sentir la piel de los
muslos estremecerse. Necesidad de
notar como ese calor de la cara se
propaga por todo su cuerpo,
colmándolo de pasión.
Pero saben que no pueden pasar de
ahí, las instrucciones son claras: como
mucho pueden tocarse las manos.
Se contienen. Reprimen el ansia de
acariciarse la cara, de levantarse y
abrazarse. Y dedican toda su atención
a lo único que les está permitido.
Y se atraviesan con la mirada mientras
sus dedos continúan indagando,
escudriñando cada rincón de esas
manos fascinantes, de esos dedos
capaces de regalar tanto deleite.
Su respiración se vuelve entrecortada y
les falta el aliento. No existe nada a su
alrededor, el mundo ha desaparecido.
Sólo hay placer.
Y ahora ya no querrían que les dejasen
pasar de ahí. Ahora no pueden ni
imaginar que les ordenasen hacer otra
cosa que no fuese permanecer así,
rozándose apenas. Ahora sólo son
ellos, sólo su tacto, sólo sus ojos y su
placer. Ese inmenso placer que ocupa
tanto que parece que no van a poder
soportar más.
La sensación en su interior es casi
dolorosa, pero la soportan.
Pasado un tiempo indefinido que para
ellos ha sido infinito, él siente que el
placer se le empieza a escapar, que no
cabe en su cuerpo y necesita salir.
En ese momento siente un impulso.
Decide no frenar el capricho de
estrechar el cuerpo de ella contra el
suyo.
Sin soltar su mano se levanta, rodea la
mesa y tira ligeramente de ella
acercándola a su cuerpo.
Se miran. Sonríen. Saben que están
incumpliendo las normas.
Se abrazan.
Ahora el placer casi desgarrador, que
se estaba convirtiendo en desasosiego,
se transforma en gozo, en consuelo.
Se sienten felices y calmados.
De pronto se abre la puerta de la sala
y entra la directora.
Ellos no se separan, no pueden. Saben
que el experimento ha fracasado y
tendrán que irse a casa. Pero sonríen
con los ojos cerrados. Ahora nada les
importa.
La directora sonríe a su vez. Les toca
en el hombro y le informa que el
ensayo ha sido un éxito. Que en
contra de todas las predicciones, no es
necesario más tiempo ni más fases.
Que la energía canalizada por sus
cuerpos era tanta que no había cabido
en los depósitos.
Que ellos son los padres de la energía
del futuro.
Publicado originalmente en el blog
"Por Capricho", aqui: http://
encantadaporcapricho.blogspot.com/2011/03/
energia-alternativa.html

Un relato de Marta Pérez Rodríguez