13/10/13

LA FERIA DE LAS VANIDADES WILLIAM M. THACKERAY

"Siempre hubo clases. Siempre hubo
ricos y pobres, dice el opulento
mientras saborea copas de buen vino
sin acordarse de enviar al pobre
Lázaro las migajas que caen de su
mesa. Tiene razón, pero lo que no me
explico es que la lotería de la vida
conceda a unos ricas y lujosas telas,
y a otros, andrajos y el calor de algún
perro como único abrigo"
"¿Qué es preferible hermano lector:
morir rico y célebre o pobre y
olvidado? ¿Poseer riquezas y verse
obligado a dejarlas o abandonar este
mundo después de haber jugado y
haber perdido? Debe de ser extraño
ver llegar el día en que uno ha de
decirse: mañana poco me importará
el éxito o el fracaso. Saldrá el sol y
millones de hombres irán a su
trabajo o a sus placeres como de
ordinario; pero yo no formaré parte
del bullicio"
"Pocas cosas conozco más
enternecedoras que esa disposición
timorata de las mujeres a humillarse
y rebajarse. Siempre están dispuestas
a confesar que son ellas las culpables
y no los hombres, a cargar con todas
las faltas, a aceptar el castigo por
errores que no han cometido, a
excusar al verdadero delinciuente.
Quienes humillan a las mujeres son
los que más pruebas de bondad
obtienen de ellas. Han nacido
despóticas y tímidas y maltratan a
quienes se muestren más débiles
ante ellas"
Son fragmentos de "La feria de las
vanidades" (Vanity Fair: A novel
without a hero) una novela escrita en
1848 por el inglés William M.
Thackeray (1811-1863), que se publicó
inicialmente por entregas en 1847 y
como libro al año siguiente. La
historia, de la que copió el nombre la
popular revista Vanity Fair, se
desarrolla principalmente a través de
dos personajes femeninos totalmente
contrapuestos. Por un lado está Becky
Sharp, una mujer decidida y sin
ataduras, pero pobre y anhelante de
conseguir una posición, dispuesta a
equivocarse pero no a dejar de
avanzar en busca de su sueño; y por
otro lado está Amelia Sedley, una
chica adinerada, que es ejemplo de
toda virtud y que se encuentra
rendida a una vida autoimpuesta. A
través de ellas, Thackeray nos
describe con cierto cinismo y sentido
del humor la sociedad inglesa de la
época y la atracción pecaminosa del
hombre por las cosas mundanas.