5/3/13

JACQUES LOUIS DAVID Y EL PERFECCIONISMO

En cierta ocasión el pintor favorito
de Napoleón, el genial Jacques Louis David, tenía expuesto uno de los cuadros que le darían fama y que bien podría ser, aunque no
necesariamente, "El rapto de las
Sabinas".
David tenía necesidad de saber la
opinión sincera que existía sobre su
obra y las reacciones que
provocaba; a tal fin se colocó de
forma disimulada entre la gente que
admiraba su cuadro para escuchar
sus apreciaciones y críticas de la
forma más espontánea posible. Las
alabanzas eran generalizadas pero
pronto observó como uno de los
presentes, que por su forma de
vestir debía de ser a buen seguro un
conductor de coche de caballos,
hacía gestos de desaprobación de la
pintura, ante lo cual y sin
presentarse previamente, se le
acercó el pintor y le preguntó:
-Veo que no os gusta este cuadro
-Desde luego que no -contestó el
cochero
-Sin embargo -puntualizó David - es
un cuadro ante el que todo el
mundo se detiene.
- No lo comprendo. Observad que
este pintor ha puesto un caballo
cuya boca está toda ella cubierta de
espuma y, sin embargo no tiene
freno que se la provoque.
Calló David ante tal apreciación,
pero como todo gran pintor que
aspira a captar la realidad con la
mayor precisión posible, no dudó
en rectificar su cuadro y borrar la
espuma de la boca del caballo tan
pronto terminó la exposición.
No he logrado tener referencia
cierta de qué cuadro es el que
motivó esta anécdota pero como
quiera que en ella se hacía
referencia a uno de sus cuadros
más bellos y en este de "El rapto de
las Sabinas" expuesto en el Louvre,
hay un par de caballos sin freno en
sus bocas, me ha parecido oportuno
colocarlo para ilustrar la anécdota.