3/8/12

LOS JEROGLÍFICOS EN EGIPTO

A lo largo de más de tres mil años, los
antiguos egipcios plasmaron en los
muros de templos y tumbas las
«palabras sagradas», los signos
jeroglíficos, para conmemorar las
gestas de los faraones y rendir tributo
a sus dioses. Uno de los aspectos más
singulares de la antigua civilización
egipcia es su escritura, el conjunto de
símbolos jeroglíficos que cubre las
superficies de templos, tumbas y otros
monumentos del país de los faraones.
Su riqueza y variedad son asombrosas.
Si a comienzos del Imperio Antiguo,
hacia 2600 a.C., no había más de una
treintena de signos, mil años después,
en tiempos del Imperio Medio, se
había llegado a 750, y en el período
ptolemaico, entre los siglos IV y I a.C.,
sumaban unos cinco mil. En su gran
mayoría eran ideogramas, es decir,
símbolos que representaban
elementos del mundo real, algunos de
forma perfectamente reconocible y
otros con trazos más estilizados. En
cierto modo, los jeroglíficos ofrecen
una representación pictórica completa
del mundo en el que vivían los
antiguos egipcios. En realidad,
únicamente una pequeña parte de
estos signos funcionaban como
ideogramas; la mayoría se utilizaban
por su valor fonético y no por lo que
representaban visualmente.
Por ejemplo, el término «casa», que en
egipcio se pronunciaba per, se escribía
mediante un ideograma que
representaba la planta de una vivienda.
Este mismo símbolo servía para
expresar un término que se
pronunciaba igual, «salir»; para
distinguirlo del anterior se
acompañaba de dos piernas, que
indicaban la idea de movimiento. De
este modo se desarrolló una escritura
fonética (es decir, una escritura que
únicamente representaba sonidos), la
cual evolucionó hacia un sistema de
complicados trazos denominado
hierático, trazos que casi no se parecen
en nada a los signos jeroglíficos
originales. Sin embargo, los jeroglíficos
nunca desaparecieron. Se mantuvieron
como un sistema de escritura de
prestigio, utilizado para textos de tipo
religioso que se inscribían en los
muros de los templos y en la superficie
de estatuas, estelas, sarcófagos y
tumbas, así como en el ajuar funerario.
De hecho, «jeroglífico» es un término
griego que significa «letra sagrada
tallada en piedra». Con ello, los
jeroglíficos se convirtieron en un arte,
una escritura ornamental que
embellecía los monumentos y los
objetos a los que se aplicaba.
Los jeroglíficos se relacionaban
también con las creencias y los mitos
más arraigados en la cultura egipcia.
Cuando los antiguos egipcios
observaban la naturaleza veían una
serie de ciclos de vida, nacimiento,
crecimiento, muerte y renacimiento, y
es este fenómeno de cambio y de
regeneración el que quisieron
representar mediante el ideograma de
un árbol u otros elementos de su
medio geográfico.
El jeroglífico, a su vez, quedaba
asociado con las divinidades que en la
mitología egipcia encarnaban la fuerza
regeneradora; tal fue el caso del Sol y
del Nilo, encarnados en Re y en Hapy,
dioses imprescindibles para la vida del
hombre y que eran parte integrante de
la realidad física del valle del Nilo. Los
jeroglíficos egipcios estaban a menudo
coloreados, aunque no siempre han
conservado su aspecto original. Cada
color tenía un significado simbólico
especial, aunque podía ser modificado
ocasionalmente por motivos estéticos.
El verde denotaba fertilidad, y el
blanco, pureza. El amarillo evocaba el
oro y el Sol, es decir, la
incorruptibilidad (la carne de los
dioses estaba hecha de oro), mientras
que el negro aludía a la resurrección, a
la oscuridad de la noche y al mundo
subterráneo. El azul se vinculó al
infinito, al cielo, al agua y al aire. El
rojo tenía dos significados: por un lado
era el color de la sangre y de la
energía del Sol; por otro lado, se usó
para representar conceptos peligrosos
como el desierto o Set, que asesinó a
su hermano Osiris, dios del Más Allá.
Fuente: Historia de National
Geographic