El árbol de los zapatos
La mujer, cansada de discutir con su esposo, amenazó con devolverse a pie hasta su casa. Su esposo, conociendo a su mujer y sabiendo que cuando a esta se le metía algo en la cabeza no había quien la detuviera, cogió los zapatos de ella y los lanzó a la rama más alta del árbol, gritándole que si quería volver andando lo tendría que hacer descalza.
Horas más tarde, cada uno seguía sin dar su brazo a torcer, hasta que una anciana del lugar que presenció el hecho intervino y convenció al marido de que si no hacía algo, toda su vida sería una continua pelea: “Vuelve y dile a tu mujer que todo ha sido culpa tuya”. El hombre se dejó convencer y la pareja hizo las paces. En señal de solidaridad, el esposo lanzó también sus zapatos al árbol.
Un año después volvieron al sitio con su hijo y también lanzaron los zapatos del pequeño. Muchos desde entonces han imitado a los primeros lanzadores, hasta el punto de que ahora hay más zapatos que hojas colgando de las ramas de este curioso árbol.
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Recuerdo que cuando era pequeña leí un cuento sobre una niña que sembró una bota, y de allí creció un árbol cuyo fruto eran zapatos. Las personas iban cada año por zapatos para sus hijos, aunque la idea original era usar los zapatos para hacer pasteles. Ahora, después de reencontrar el cuento del árbol de los zapatos, me he sentido realmente feliz.


