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9/8/12

BAÑO DE SANGRE DE ESTOCOLMO

El Baño de Sangre de Estocolmo (en
sueco: Stockholms blodbad; en danés:
det stockholmske blodbad) fue una
masacre que siguió a la invasión de
Suecia por las fuerzas danesas de
Cristián II de Dinamarca.
En el año 1517 estalló en Suecia un
conflicto entre el regente Sten Sture el
Joven y el arzobispo Gustavo Trolle; el
primero defendía la independencia de
Suecia, mientras que el segundo era
partidario de la Unión de Kalmar, que
la unía con Dinamarca y Noruega. Ese
conflicto, con un origen nacionalista,
fue aprovechado por el rey Cristián II
de Dinamarca y Noruega para
inmiscuirse militarmente y reclamar su
derecho patrimonial al trono de la
autónoma Suecia. Desde la unión de
Kalmaar (1397), la nobleza sueca
siempre había provocado problemas, y
el reino sueco disfrutaba de cierta
autonomía encarnada en la figura de
sus regentes. Pero las intenciones del
monarca católico danés no tuvieron
éxito cuando fue derrotado en la
batalla de Brännkyrka; en donde, no
obstante, logró tomar prisioneros a
importantes dirigentes suecos, y
encarcelarlos en Dinamarca. El
conflicto hunde además sus raíces en
la Reforma. La nobleza sueca intentó
aprovechar el cisma luterano para
afirmar su independencia no sólo
religiosa del papado, sino política de la
monarquía danesa.
En 1519, Cristián armó un gran ejército
de mercenarios alemanes, escoceses y
franceses, y con el apoyo del papa,
que había excomulgado a Sten Sture y
le daba a Cristián el derecho de entrar
en la guerra, invadió nuevamente
Suecia, en enero de ese mismo año.
Ahora el ejército de Cristián consiguió
vencer a los suecos en la batalla del
hielo de Åsunden, donde el mismo
regente Sten Sture fue herido de
muerte, y posteriormente en la batalla
de Tiveden, tras lo cual Cristián invadió
toda Suecia. En marzo, Cristián fue
reconocido como soberano por
algunos nobles suecos. La ciudad de
Estocolmo todavía fue defendida por
la viuda de Sten Sture, Cristina
Gyllenstierna, quien finalmente tuvo
que capitular el 5 de septiembre.
Después de la victoria, Cristián regresó
a Dinamarca, pero pronto tuvo que
volver a Suecia, donde el descontento
era generalizado en pueblo y nobleza,
donde el 4 de noviembre de 1519 fue
coronado rey por el arzobispo Gustavo
Trolle. Por consejo del mismo Trolle y
algunos otros miembros de su
consejo, Cristián acusó a muchos
seguidores de Sten Sture de herejía, a
los que mandó encarcelar el 8 de
noviembre de 1519 sin haberles
permitido el derecho a un juicio legal,
y enseguida ordenó que los
ejecutaran.
La acusación no era más que una
excusa para deshacerse de sus
adversarios políticos, aunque el propio
rey danés presentase sus acciones de
acuerdo con las leyes y el derecho,
daneses, naturalmente. Apoyándose
en las supuestas órdenes del papa, se
dedicó a perseguir y exterminar a sus
detractores en toda Suecia.
En noviembre de 1520 murió Kristina
Gyllenstierna, la viuda de Sten Sture,
con lo que Gustav Trolle tuvo las
manos libres para tomar el control de
la capital sueca, y ordenar las
ejecuciones, conocidas como el Baño
de Sangre de Estocolmo.
La matanza propiamente dicha es la
serie de acontecimientos que se
produjeron entre el 4 y el 10 de
noviembre de 1520, con el punto
culminante de la ejecución de un
centenar de personas (principalmente
de los miembros de la nobleza y el
clero que apoyaban a Sten Sture el
Joven), a pesar de la promesa de
Cristián II de una amnistía. Estas
ejecuciones se desarrollaron en
Stortorget, "El Gran Mercado", la plaza
central junto a Storkyrkan, la catedral
de Gamla stan, la Ciudad Vieja de
Estocolmo.
Entre los decapitados se hallaron dos
obispos, gentilhombres (uno de ellos
el padre de Gustav Eriksson Vasa),
consejeros, burgomaestres y
ciudadanos comunes.
La desaparición de parte de sus
principales figuras políticas y religiosas,
generaron en Suecia un gran
descontento popular que terminó en
un levantamiento generalizado en
febrero de 1521 cuyo objetivo era
expulsar del territorio al ocupante
danés. En agosto de ese mismo año,
los rebeldes eligieron a Gustavo Vasa
como regente del reino. Él tenía la
intención de romper con la Unión y
establecer un reino sueco
independiente. Apoyado por la rica y
poderosa ciudad hanseática de
Lübeck, convocó una Asamblea del
Reino (Riksdag) en la pequeña ciudad
diocesana de Strängnäs, y citó a
consejeros, dignatarios de la iglesia,
diputados y otros prohombres. El 6 de
junio (ahora festividad nacional de
Suecia) de 1523 fue elegido rey por
esta asamblea. Era el fin de la Unión
de Kalmaar.
Gustavo Vasa hizo adoptar el
luteranismo como religión del país
(1529) y confiscó los bienes de la
Iglesia católica.
Extraído de: http://
www.diegosalvador.com/
Moderna_Bano_estocolmo.htm ;
http://es.wikipedia.org/wiki/Ba
%C3%B1o_de_sangre_de_Estocolmo

14/6/12

ODENSE (DINAMARCA) Una ciudad de cuento de hadas

No andaba equivocado el famoso
escritor de cuentos Hans Christian
Andersen cuando definió a su tierra,
Odense, como el «jardín de
Dinamarca», si tenemos en cuenta sus
paisajes y los abundantes huertos
frutales que la circundan. Odense es la
capital de la isla de Fionia, y ésta es el
paradigma de la Dinamarca más
bucólica e idílica que uno pueda
imaginarse.
Los daneses emplean la palabra
hyggelig (pronúnciese jíkeli) para
definir lo cálido, acogedor o cómodo.
Ninguna otra expresión podría
describir de mejor manera lo que se
siente cuando se descubren estas
tierras llenas de encanto y melancolía,
de cadencia y bienestar en el sentido
más espiritual de la palabra. Cada
punto es un encantador redil de magia
y fantasia. De ahí que no sea extraño
que en Odense nacieran dos de los
daneses más insignes: el propio
Andersen y el compositor Carl Nielsen.
Para impregnarse de esta singularidad,
no hay nada mejor que recorrer la isla
de Fionia empezando por su capital.
Odense, la tercera ciudad de
Dinamarca después de Copenhague y
Arhus, tiene unos 180.000 habitantes.
Uno de los lugares que más llama la
atención es, en su casco antiguo, la
profusión de una especie de espejos
retrovisores colocados junto a las
ventanas de las casas. Un instrumento
útil para que sus moradores puedan
ver lo que sucede en la calle sin
necesidad de asomarse. En realidad
esta técnica reemplaza a la costumbre
española de mirar tras las cortinas que
tapan los cristales, ya que, siguiendo la
tradición de los países luteranos, no
existen visillos porque en las casas no
hay nada que ocultar.
Deudora de su nombre al dios vikingo
Odín, aquí fue donde vino al mundo
en 1805 el escritor Hans Christian
Andersen –coincidiendo con su
nacimiento, el 2 de abril de cada año
se celebra el día internacional del libro
infantil y juvenil–.
Paradójicamente, el autor de cuentos
tan populares como La Sirenita o El
patito feo no fue profeta en su tierra
hasta el final de su vida. Nació en el
seno de una familia humilde, quedó
huérfano de padre a los 11 años y, tres
más tarde, se marchó a Copenhague
en busca de fama y fortuna como
artista teatral. Una aspiración que
nunca llegó a consumar. Sin embargo,
las lecturas que atesoró durante su
infancia le hicieron olvidar muy pronto
sus aficiones de actor para encaminar
su vida hacia el difícil mundo de la
literatura.
De hecho, cuando vivía en Odense fue
continuamente despreciado por sus
paisanos. Sin embargo, tras hacerse
famoso internacionalmente como
escritor de cuentos, se le rindieron
todo tipo de homenajes. En la
actualidad, Odense se ha convertido
en una localidad de cuento de hadas y
en ella todo gira alrededor de su hijo
predilecto. Incluso se ha diseñado una
ruta turístico-cultural, la Ruta
Andersen, que recorre los distintos
museos dedicados a su figura y el
romántico parque bautizado con su
nombre.
El recorrido comienza en la
«Andersens Barndomshjem», la
pequeña casa de la infancia de
Andersen, que habitó con apenas dos
años y donde se ha instalado una
parte poco importante de las obras del
célebre escritor de cuentos como
complemento de su casa-museo. La
casa-museo es centro de peregrinación
constante para los curiosos y los
amantes de la literatura, que llegan de
todos los rincones del planeta siendo
el segundo lugar más visitado de toda
Dinamarca, después de la inevitable
Sirenita de Copenhague, a la que, por
cierto, él mismo inmortalizó en su
popular narración. En este peculiar
museo se exponen documentos
pertenecientes al escritor, diferentes
ediciones de sus obras y sus 156
cuentos, traducidos y leidos en todo el
mundo. El museo incluye, asimismo,
algunos objetos intrigantes: fragmentos
de informes escolares, notas,
manuscritos, su título de la Universidad
de Copenhague, ilustraciones,
recuerdos de sus viajes e incluso la
cuerda que siempre llevaba consigo
para salir de las habitaciones de los
hoteles en caso de incendio.
La casa cultural del niño Fyrtojet (El
encendedor de yesca) es el anexo de
la casa-museo de Andersen y donde
durante el verano se escenifican sus
narraciones varias veces al día en un
teatro al aire libre. El actor danés
Torben Ivensen da vida al propio Hans
Christian Andersen, como narrador de
los cuentos, y el resto de personajes es
interpretado por niños y jóvenes
debidamente caracterizados.
En el interior de este centro cultural,
creado expresamente para ellos, los
pequeños pueden jugar a ser actores
con maquillaje incluido, dibujar, pintar,
tocar instrumentos, asistir a un teatro
de marionetas y, por supuesto, leer los
cuentos de Andersen.
La ruta finaliza en el Parque Andersen,
que se emplaza detrás de la Catedral
de San Canuto. Está presidido por una
estatua del escritor, y se trata de un
romántico jardín por donde discurre el
río Odense creando un ambiente de
verdor exuberante.
A las afueras de Odense, en el marco
incomparable de la campiña danesa, el
Den Fynske Landsby (Pueblo Fionés) es
un museo al aire libre que evoca las
casas rurales de Fionia del siglo
pasado, perfectamente instaladas y
restauradas, formando un poblado
típico danés con molinos de agua y de
viento. El descubrimiento de que
algunas familias fionias todavía siguen
utilizando los antiguos carromatos con
toldo, como caravanas –con botella de
butano a la vista en su parte trasera–
para pasar sus vacaciones
desplazándose a trote de caballo,
entronca con el espíritu campesino, no
exento de respeto por la naturaleza,
de la gente de esta hospitalaria tierra.
Fionia surte de cereales a toda
Dinamarca y los campos de trigo,
avena, cebada, forrajes o centeno se
suceden ante nuestra atónita mirada a
bordo de un moderno automóvil. Sin
embargo, una envidia sana merodea
en el fuero interno de todo aquel
amante de lo puramente idílico, ya que
te das cuenta que el viejo armatoste
con dos ruedas de madera se desplaza
al ritmo ideal para disfrutar del paisaje
y encaja perfectamente en el ambiente
pastoril que se respira allá por dónde
vayas.
Es una isla de cuento de hadas, la
musa, sin duda, de las fantasías de
Andersen, que hoy se han
transportado a la realidad haciendo
que sus pueblos parezcan salidos de
su imaginación.


PEDRO JAVIER DÍAZ-CANO