27/4/14

La energía de los esclavos

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Ya no estoy en mi mejor momento
para practicar
el oficio de los versos.
Se me da mucho mejor
estar en el cuarto ropero con Sara.
Pero incluso en este mundo
alternativo
tampoco estoy ya en mi mejor
momento.
Necesito
la compasión de mi propia
atención.
Quién podría haber imaginado
que el corazón envejece
del contacto con otros.
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Siempre intento mantenerme en
contacto esté donde esté.
No digo que te amo.
No digo que lo haya solucionado.
El sol entra por el tragaluz.
Mi trabajo me llama
dulce, como el sonido del arroyo
que pasa junto a mi cabaña de
Tennessee.
Escucho sentado en mi mesa
y estoy casi dispuesto a perdonar
a los que intentaron aplastarnos
con sus magníficos sistemas.
Tu belleza está en todas partes,
la que destilamos juntos
de los tiempos difíciles.
Nunca sentirás que te dirijo.
Huyo para siempre de tu
homenaje.
No tengo ninguna intención de
encadenarte.
No tengo nada pensado para ti.
No tengo oraciones en las que
incluirte.
Vivo para ti, sin pensar en lo que
mereces
o en lo que no mereces.
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Tus ojos son muy poderosos.
Intentan tullirme.
Pones toda tu fuerza en tus ojos
porque no sabes lo que hay que
hacer
para ser un héroe.
Te has confundido de ideal.
No eres un héroe,
sino un tirano
lo que aspiras a ser.
Es por eso por lo que la debilidad
es tu cualidad más atractiva.
No tengo planes para ti.
Tus peligrosos ojos negros
se clavan en la chica más cercana
o en el espejo más próximo
mientras vas esperanzado
de profesión en profesión.
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Se sentó al piano
la más bella pianista del mundo,
vestida con una bata de fotógrafo.
Yo estaba hojeando las páginas
amarillas
de mi viejo corazón de esclavo
en busca de algo mejor que la
gratitud.
Cuando sobre la parte mucosa ella
colocó
el más pequeño y majestuoso barco
de vela
que jamás haya devuelto el mar.
Diciendo: a veces estoy contigo.
A veces tengo que ir donde
el hombre es un extraño a su
dolor.

Leonard Cohen, de "La energía de los esclavos" (1972)