20/5/15

Los Amantes de Teruel

La historia de amor de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, los Amantes de Teruel, se remonta al siglo XIII. Él, era el segundo hijo varón de su familia, y por tanto, no tenía derechos de herencia; mientras que ella, era hija única de una de las casas más ricas de la ciudad. Bajo estas condiciones, su amor solo podía culminar si el joven era capaz de lograr las riquezas suficientes como para aportar una dote acorde a las demandas de la familia de Isabel. Así, el padre de Isabel le concedió a Diego un plazo de cinco años para tal fin, y éste se unió como soldado de fortuna a las tropas cristianas que luchaban contra la invasión musulmana con la promesa de volver rico. Mientras, Isabel aguardaba en Teruel, rechazando propuestas de matrimonio de muchos de los nobles de la ciudad y aplacando los deseos de su padre de que contrajera matrimonio cuanto antes.
Pasado el plazo dado, y sin noticias de Diego, Isabel contrajo matrimonio, sin saber que Diego llegaría al día siguiente a la ciudad repleto de riquezas. Al saber que su amada ya había sido desposada por otro, Diego tan sólo se atrevió a entrar en los aposentos de los recién casados para pedirle a su amada un primer y último beso. Ella se lo negó, dada su condición de mujer casada, y él, ante tal desprecio, cayó muerto. Al día siguiente, en los funerales de Diego y consciente de su desgracia, Isabel se acercó al cuerpo sin vida de su amado y, como reza la tradición, "le dio en muerte el beso que le había negado en vida" para, inmediatamente, morir al lado de su amor. Conocida su historia, los restos de los amantes fueron enterrados juntos en una de las capillas de la Iglesia de San Pedro.

Imagen:
"Los Amantes de Teruel"
Antonio Muñoz Degrain
Museo del Prado, Madrid